Se dice cuando alguien arma un escándalo o un alboroto bien bravo, ya sea por rabia, emoción o porque se le fue la mano con la intensidad. Es como poner el ambiente en modo caos: gritos, bulla y todo el mundo mirando. Muy costeño, muy de Magdalena, y a veces hasta da risa después.
"En la reunión, apenas le dijeron que no había sancocho, el man armó la berraquera y empezó a pegar gritos, y la tía solo decía: ay no, qué boleta."