Se usa cuando alguien se hace el despistado justo cuando le toca arrimar el hombro, pagar algo o dar la cara. Es el típico que oye su nombre, pero de repente mira al techo como si escuchara grillos. Vamos, hacerse el loco para escaquearse bien fuerte, y hay que admitir que a veces tiene su arte.
Se usa para hablar de alguien que se hace el despistado a propósito para no enterarse de nada o escaquearse de una movida. Es el típico que oye su nombre cuando toca pagar la ronda y de repente se queda mirando al horizonte. No es solo cántabra, pero en Cantabria también se usa un montón y queda muy fina para rajar.