Se dice cuando se arma un alboroto de los buenos: un desorden, una bulla o un peo donde todo el mundo se mete, ya sea por una discusión o porque la cosa se volvió rumba sin avisar. Es muy de calle y suena a que se salió de control, para bien o para mal. Y sí, suele acabar con vecinos pendientes.
"Íbamos a ver el juego tranquilos en casa de Luisito y de la nada se armó el zaperoco, música a todo volumen, gente llegando sin invitación y los vecinos tocando la puerta bravos."