Se dice para apurar a alguien, o sea, para que deje de boludear y se ponga las pilas de una vez. Es como meterle presión con tono bien rioplatense, sin necesidad de gritar. Va perfecto cuando hay laburo, horarios o un quilombo esperando y el otro sigue en modo siesta. Y sí, suena a mate, obvio.
"Dale, Roberto, apurá el mate que en diez minutos cae el jefe y vos seguís scrolleando como si estuviéramos de vacaciones."