Se dice cuando alguien va medio piripi o con una alegría sospechosa, como si se hubiera dado un paseo largo por el país del vino. No tiene por qué estar borracho del todo, pero se le nota en la cara y en el paso. Vamos, que va en su mundo, tan pancho, y no le amarga el día ni el telediario.
"Le dieron el ascenso y mi primo salió del curro andando en Vinolandia, canturreando por la calle y saludando a todo el barrio como si fuera el alcalde."