Se dice cuando vas sin un duro, tieso, con el bolsillo más pelado que una rodilla. Vamos, que no te llega ni para un café y estás tirando de imaginación hasta que entre la próxima paga. Suena a lamento de bar y a fin de mes eterno, de esos que se estiran como chicle.
"Me vine arriba en San Fermín con los pintxos y los kalimotxos y ahora ando de bolsillo pelado hasta que me paguen, majo."