Se dice cuando alguien anda bien desubicado, distraído o medio ido, como si trajera la cabeza al revés. No es que esté loco de verdad, más bien que anda en la luna y hace cosas sin sentido. Muy de rancho y con sabor norteño, de esas que te sueltan para bajarte el avión.
"¡Órale, Juan! Hoy andas con el sombrero volteado: le echaste salsa al café, guardaste las llaves en el refri y todavía preguntas por qué no arranca la troca."