Se dice de alguien que está tan embobado, enamorado o encaprichado que no ve lo obvio, como si llevara unos anteojos hechos de poncho y mirara todo borroso. Vamos, que la realidad le pasa por al lado y ni se entera. Muy de chicana norteña, con cariño pero con palito.
"Desde que está con la Lu, el Juan anda con anteojos de poncho y no vio ni que le cobraron doble en el kiosco, encima dejó propina."