Dícese de algo, especialmente comida, que ha sido cocinado hasta quedar más negro que la noche sin farolas.
Se dice cuando alguien está asfixiado de calor, normalmente por estar al sol, currando en la calle o pegándose una caminata en pleno agosto. Es como decir que te estás friendo, que te derrites y que te falta nada para quedarte tieso. Muy de Andalucía, y con razón.