Se dice cuando algo o alguien queda lejísimos, en la punta del cerro, como si tuvieras que caminar leguas y leguas para llegar. Es una forma bien chilena de quejarse de la distancia y del pique eterno. Sirve para casas, fiestas, pegas o cualquier panorama que te queda a la cresta.
"Oye compadre, yo cacho que no voy al carrete de Juan, si vive a vil legua, arriba del cerro y sin micro, qué paja."