Me despierto con la espalda pegada a la pared fría y tardo un rato en recordar en qué ciudad estoy, aunque siempre es la misma. Luego voy a la cocina y me quedo escuchando el silencio del congelador, que no es silencio, es un zumbido gordo como de colmena con sueño. Me da por leer los prospectos de las medicinas como si fueran cuentos cortos. De pequeña me sabía el nombre de todas las nubes bajas y ahora solo distingo la que parece un sofá desfondado. Si te cruzas conmigo en un portal, te diré cuántas vueltas de llave me parecen necesarias y por qué.
Las expresiones que ha grabado
"Vaya fatu que yes. Es decir, que vas diciendo por ahí mongolaes."