En los bosques viejos, donde la niebla respira como si el monte tuviera pecho, este duende camina sin prisa. Tiene mirada de chispa antigua, de esas que han visto mil amaneceres y aún se sorprenden. Viste azules y rojos oscuros como atardecer mojado, y lleva un sombrero de arpillera que toca a propósito, porque las cosas rugosas cuentan verdades.
Le mola un huevo el oficio de cuidador de ovejas invisibles, aprendido en los rincones de Taramundi. Cuando nadie le ve, silba bajito para que los semáforos del mundo se pongan en calma, y a veces se mete una siesta corta que, según él, abre portales a sitios donde el té sabe a historias.
- Guarda ramitas torcidas como si fueran mapas
- Saluda a las piedras lisas antes de chuparlas, ciencia pura
- Le cuenta mentiras a las urracas para ver cómo corren los rumores
Si te lo cruzas, no le pidas prisa. Te regalará una pausa, una risa pequeña, y la sensación de que lo imperfecto, de lujo, también sabe a hogar.
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Pastor de Niebla Traviesa
Dicen que apareció una mañana de lluvia, oliendo a tierra mojada y a pan con aceite. Es un viejecito sabio, ojos brillantes, chaqueta azul y rojo oscuro, y un sombrero de arpillera que rasca rico. Se pasa las noches contando ovejas que no existen, solo pa despistar a las urracas cotillas y reírse bajito, solo.
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