Hay gente que se toma un café y ya improvisa el día. Y luego está Florian Zeller, que es más de oler el arábica recién molido, mirar el humo, y decir: “Vale, ahora el humo va a ir exactamente por aquí”. Porque sí: este señorito francés escribe teatro y cine como quien diseña una cabaña en el bosque con mil trampillas secretas… y aun así jura que se siente “principiante” cada vez que da un paso.
Zeller (París, 46 años) lleva casi 30 años encadenando éxitos: empezó con novelas, ganó un premio literario importante en Francia y, cuando muchos se acomodarían como caracoles felices, se metió en el teatro. Primero con comedias y, después, con una trilogía que ya es leyenda contemporánea: El padre, La madre y El hijo, tres obras que se zambullen en el trauma familiar con una elegancia que da hasta yuyu de lo bien medida que está.
De las tablas al cine: Hopkins, control y un “sueño irrealizable”
La magia (de la moderna, sin varita) explotó cuando adaptó El padre al cine y se lo envió a Anthony Hopkins, a quien no conocía. Resultado: Oscar al mejor guion adaptado para Zeller y otra estatuilla para Hopkins. Un “hola, ¿qué tal?” bastante potente, la verdad.
Sus textos han viajado ya por casi 50 países y, mientras tanto, en Madrid ahora se representa La verdad, una comedia dirigida por Juan Carlos Fisher y protagonizada por Joaquín Reyes en el teatro Infanta Isabel. Además, la editorial De Conatus publica la trilogía famosa traducida al español. O sea: si te gusta el teatro que te deja pensando como cuando miras una nube y juras que te está juzgando, aquí hay banquete.
Eso sí: Zeller es de los que quieren tenerlo todo atado. En una entrevista en el Ritz de Madrid, prefiere pocas fotos, silencio y control fino, como quien evita pisar las juntas de las baldosas por si activa un mecanismo secreto. Él mismo reconoce que le cuesta dejar que las cosas fluyan.
‘Búnker’: Bardem, Cruz y un guion con parte en español
Y aquí viene lo jugoso: Zeller acaba de terminar el rodaje de su nueva película, Búnker, protagonizada por Javier Bardem y Penélope Cruz. Dice que ha sido una experiencia “intensa, honesta y hermosa”, y que ambos han sido muy valientes explorando territorios emocionales siendo pareja, que no es precisamente un paseo por hierba recién cortada.
Lo curioso es que el guion lo escribió pensando específicamente en ellos, y además incluye una parte importante en español… idioma que Zeller no habla. Esto nos parece muy de gato callejero filósofo: no entiende el idioma, pero entiende el drama. Prioridades correctas.
De hecho, él cuenta que suele empezar a escribir imaginando un actor concreto. Sus personajes, que se mueven entre cordura y confusión, son un festín interpretativo: en El padre han estado Hopkins, Héctor Alterio o Josep Maria Pou; en La madre, Isabelle Huppert o Aitana Sánchez-Gijón; y en El hijo, otros nombres potentes. Vamos, que sus obras atraen actores como las farolas atraen mosquitos: con devoción luminosa.
¿Y su filosofía? Zeller dice que el buen teatro va de la experiencia humana y que el arte no está para darte la chapa política, sino para plantear preguntas y buscar empatía. Y remata con una frase que nos encanta porque suena a puerta que se abre en mitad de la niebla: “No escribo lo que le gusta a la gente, sino lo que podría gustarle”. Traducido al bosque: no te doy la seta de siempre; te doy la que te va a cambiar el paladar (con respeto y sin envenenar, claro).