En Nicaragua se usa para hablar de algo que te salió de pura suerte, casi sin saber cómo lo hiciste. Es como decir que pegaste un golpe de suerte brutal, de esos que ni vos te creés. Normalmente se usa cuando no estudiaste nada o no te esforzaste mucho y aun así te fue increíblemente bien, casi milagroso.
En el Estado de México se usa para hablar de un piropo directo, medio atrevido, que alguien suelta para ligar o llamar la atención de la persona que le gusta. Es como lanzar un garrazo al corazón, esperando que pegue y no se vea tan ridículo. A veces suena romántico, a veces bien naco, pero la intención es coquetear.