Se le dice a quien queda destruido después de una rumba, un día larguísimo o un bajón de azúcar que te deja en modo zombi. Andas sin energía, con hambre, ojeras y cero ganas de hablar, como si te hubieran desenchufado. En Venezuela suena muy natural para describir ese momento triste en el que el cuerpo pasa factura.
"Marico, después de esa rumba quedé víctima del bajón, me comí dos arepas y me dormí vestido en el sofá, ni para quitarme los zapatos me dio."