En Puno, vereda no es solo el caminito al costado de la pista, también es el chisme que corre por todo el barrio a la velocidad de la combi en hora punta. Cuando alguien dice que la vereda ya sabe algo, es porque el rumor está bien regado. Y hay que admitir que la expresión tiene su gracia.
En Bolívar se usa vereda para hablar de una salida corta y medio improvisada, casi siempre para pasarla bueno y despejar la cabeza. No es la vereda de caminar, sino más bien una escapadita con plan de risa, trago, río o lo que salga. Suena inocente, pero casi siempre lleva su toque de desorden sabroso.
En Sucre, la vereda es mucho más que un camino rural perdido entre monte y vacas. Es ese universo paralelo donde se arman las mejores parrandas, se chismea sabroso y las abuelas sueltan cuentos de brujas y espantos. Es el rincón donde la vida va despacio, pero la magia cotidiana hierve sin descanso, como olla de sancocho.