Se dice cuando alguien va contentísimo y con el puntito alegre después de beber sidra. No es que esté borracho perdido, es más bien ese modo fiesta en el que te entra la risa fácil, hablas con todo el mundo y te crees cantante. Vamos, que la sidra le ha tocado el botón de la felicidad.
"Pedro se tomó dos sidras y ya tiene la sidra feliz: va por la plaza dando palmas, saludando a todo quisqui y cantando como si estuviera en fiestas."