Se dice de alguien que es bien duro para aguantar, que no se queja por nada y se rifa aunque le caiga la voladora. Vamos, que tiene el cuero grueso y la paciencia de santo. Es una forma muy guerrerense de decir que alguien es resistente, ya sea al dolor, al calor o a la carrilla. Y sí, suena bien sabrosa.
"Al vato le cayó el solazo, se raspó la rodilla y ni hizo gesto. Nomás se sacudió y siguió chambeando, tiene la piel de chilate."