Se dice cuando alguien tiene una suerte bárbara para estacionar y siempre engancha el lugar perfecto, justo en la puerta o al ladito de donde va. Como si el universo le guardara el hueco y los demás estuviéramos condenados a dar mil vueltas. No es ciencia, es mística mendocina, y da una envidia sana.
"Che, no puede ser, llegamos al centro y el loco clavó el auto en la puerta. Tiene la del mendocino, yo ya estaba listo para dar veinte vueltas, boludo."