Se dice cuando estás con el pendiente a tope, nervioso o preocupado, como esperando que algo salga mal en cualquier segundo. Es esa sensación de ir rezando por dentro, con el corazón en la garganta, hasta que por fin se resuelve. Muy de abuelas, pero sigue funcionando de lujo cuando andas bien sacado de onda.

"Güey, el Uber se metió por calles rarísimas y yo con el Jesús en la boca, pensando que ya valió y ni al examen iba a llegar."

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