Originalmente se refiere a un golpe fuerte en el estómago con una botella de Tehuacán, que te saca el aire y hasta las ganas de vivir. Con el tiempo también se usa para hablar de un escándalo político o chisme tan duro que deja a todos sin aliento. No es cualquier chisme, es uno que truena sabroso.
Se dice cuando alguien va vestido súper llamativo y medio sin ton ni son, como si se hubiera echado encima todo el clóset a la vez. Suele llevar sarcasmo y un puntito de burla para criticar un look exagerado o mal combinado. No es precisamente un halago, pero hay que admitir que da risa cuando queda muy pasado.