En Apurímac se usa de forma pícara para hablar de la cantidad justa de trago, casi siempre chicha o cañazo, que necesitas para entrar en calor, alegrarte y botar las penas. Es como tu dosis personal para ponerte sabrosón sin terminar gateando por la plaza. Y hay que admitir que la palabra suena bien elegante para algo tan terrenal.
En Yaracuy decir que alguien te puso una tarifa no tiene nada que ver con pasajes ni precios. Es esa cara de fastidio mezclada con mala gana cuando le pides un favor y el pana parece que estuviera pagando una deuda. Es como si te estuviera diciendo que sí, pero con una cara que provoca mandarlo pa' la porra.