Se dice cuando te toca esforzarte a lo bestia, de esos días en que no solo sudas la camiseta, sino que sientes que hasta el apellido se te chorrea. Vale para trabajo, estudio, deporte o cualquier cosa que te deje molido. Es una forma exagerada y bien sabrosa de decir que te la guerriaste de verdad.
"Parce, ayer en la cancha sudamos el apellido para ganarle a los del otro barrio, terminamos sin aire y con las piernas temblando, pero se celebró como si fuera final."