En Tamaulipas se dice con ironía y cariño para hablar del solazo y el calorón que pega duro, sobre todo al mediodía. Suena tierno, pero en realidad es una advertencia: si te confías, terminas sudando como pollo rostizado. Se usa mucho para quejarse, bromear y avisar que afuera está insoportable.
En Antioquia se usa para hablar de un plan tranqui al aire libre, de esos de sentarse a coger sol, parchar sin afán y dejar que el día pase sabroso. Puede ser en la finca, en el balcón o donde pegue rico. No es nada profundo, pero cuando uno dice solecito, ya suena a descanso.