En Santa Cruz se le dice ropero a la persona que vive del chisme, que tiene la lengua tan larga que parece perchero de ropa. Es el típico personaje que se entera de todo, exagera la mitad y lo reparte por el barrio como si fuera volante de promo. Es medio tóxico, pero hay que admitir que a veces sus cuentos entretienen.
En Perú, decir que alguien es un ropero es soltarle que está grandazo y bien cuadrado, como si tuviera el cuerpo ancho como un armario. Se usa para el pata que mete fierro en el gym y ya se le marcan los brazos y el pecho. Es medio en broma, pero también con su respeto.