Se dice cuando alguien termina de arruinar una situación que ya venía medio chueca. Es como ponerle la cereza al pastel, pero en versión desastre: el error final que confirma que ya fue. Muy de cuando metés la pata dos veces y encima volvés para dejarla peor. Y sí, da bronca, pero también da risa.
"Ya estaba todo listo pa’ cerrar la venta y yo, bien capo, voy y mando el precio mal. Ahí sí la rematé, ahora el cliente ni contesta y mi jefe está con cara de pocos amigos."