Se usa cuando alguien se queda tieso, callado y sin reacción, como si lo hubieran apagado. Puede ser por susto, sorpresa, vergüenza o porque la mente se le fue de vacaciones. Es de esas frases que pintan la escena perfecto: la persona se queda ahí, inmóvil, con cara de ¿qué acaba de pasar?
"Le conté que el jefe nos vio salir temprano y se quedó como una piedra, con los ojos pelados y sin soltar ni una palabra."