Se usa cuando alguien se queda tieso y en silencio, como congelado del susto, la vergüenza o la sorpresa. Vamos, que te apagas y no te sale ni una palabra, mirando al vacío como si el cerebro se hubiera ido a pastar. Es una comparación bien andina, con su toque absurdo, y por eso engancha.
"El profe me preguntó la fórmula y yo, con el cuaderno abierto, me quedé como una alpaca de piedra, calladito y mirando fijo, ni un numerito me salió."