Forma chistosa y bien tolimense de decir que algo es posible, pero con mucha duda, como cuando uno dice que sí pero en realidad piensa que ni de vainas. Se usa para situaciones que podrían pasar, aunque suenen medio locas, y también para vacilar a alguien que está soñando despierto. Y hay que admitir que suena bien sabroso.
En Apurímac se usa para hablar del típico que nunca se compromete a nada y siempre responde con un ya voy a ver o quizá, pero al final nunca aparece. Es el maestro de la escapada elegante, el Houdini de las excusas baratas. Suena suave, pero en el fondo todos saben que es más flojo que correa de perro de trapo.