Apodo bien ayacuchano para ese viento bravo que se levanta de golpe y te deja peleando con la ropa. Se dice cuando sopla tan fuerte que parece que el poncho se te va a ir volando, y de paso tú también. Sirve para avisar, quejarse o meterle humor al frío y al ventarrón. Y sí, da respeto.
Se usa para hablar del pata que nunca se queda quieto y siempre anda de fiesta, de viaje o metido en alguna movida. Es como decir que con su poncho vuela más rápido que todos y aparece en cada tono, cada jarana y cada plan. Suena medio cariñoso, medio vacilón, y la verdad es que pinta bien al loquito del grupo.