En Trujillo se le dice parejero al que se va demasiado arreglado, como si estuviera compitiendo por quién brilla más. Es el típico que se pone camisa planchadita, perfume y zapatitos para una pichanga o para ir a la bodega. No es insulto mortal, pero sí suena a burla cariñosa por sobrado de pinta.
"Fuimos a jugar fulbito y el Carlos cayó con camisa, perfume y zapatos lustrados, como para matrimonio. Ya pues, qué parejero, causa."