Se suelta para decir que alguien va desesperantemente lento, incluso en cosas facilísimas, como si le costara la vida arrancar. La gracia está en la imagen absurda del burro bajando, que en teoría debería ir ligero, pero aquí va a paso de procesión. Sirve para meter prisa con cachondeo y un puntito de pulla.
Dicho para llamar a alguien lentísimo, de los que no espabilan ni con todo a favor. La gracia es que hasta un burro, que ya va despacio de serie, cuesta abajo debería ir ligero, pero este ni así. Se suelta cuando alguien tarda la vida en hacer algo o llega siempre tarde. Y desespera, claro.