Se dice cuando alguien te suelta un regaño serio o te pone las reglas claritas, como quien te lee el manual de convivencia sin anestesia. Es básicamente poner a alguien en su sitio, advertirle y dejarle bien claro qué tiene que hacer o qué no se va a repetir. Suena a autoridad y a paciencia agotada.
Se dice cuando pones a alguien en su sitio con una charla seria: le cantas las verdades, le marcas los límites y le dejas clarito qué se puede y qué no. Es como decirle las reglas en la cara, sin rodeos. Suena a regaño con autoridad, de esos que te bajan la espuma rapidito.
Se dice cuando alguien te suelta un regaño serio y bien directo, tipo sermón, y te deja clarito lo que hiciste mal. Es como ponerte en tu sitio con una lista de verdades que pican, pero a veces hace falta. Muy de mamá, de jefe o de cualquiera que ya se cansó de tus cuentos.
Se usa cuando a alguien le echan un regaño serio, bien parado, de esos que te dejan derechito. Es como sentarte a escuchar una lista completa de todo lo que hiciste mal, sin adornos ni azúcar. En Guárico y en Venezuela en general suena a que te dijeron tus cuatro verdades, y la próxima te lo piensas dos veces.
Se usa cuando a alguien le pegan una regañada seria, bien parada, de esas que lo dejan cuadrado y calladito. Es como cuando un adulto se pone en modo autoridad máxima y te enumera todo lo que hiciste mal. No siempre es con rabia, pero sí con firmeza. Y toca admitir que a veces hasta sirve para ubicarse.