En el norte de Santander se usa lamparazo para hablar de un cuento exagerado, un chisme tan grande y raro que suena más a invento que a realidad. Es ese tipo de historia que uno escucha y piensa que el que la cuenta está echando carreta a lo loco, pero igual uno se la goza porque el chisme está buenísimo.
En Tolima se usa para señalar a la persona que se las da de muy sabia, muy iluminada y muy importante, pero en el fondo no sabe gran cosa y solo hace show. Es el típico que opina de todo, interrumpe en las tertulias y quiere brillar a punta de carreta. Y hay que admitir que a veces da hasta risa verlo actuar.