Expresión para hablar de una llamada de atención fuerte, una regañada que te dan cuando la has cagado y alguien quiere que espabiles. No siempre es con mala leche, a veces es más bien para que aprendas la lección y no la vuelvas a liar. Suena suave, pero puede doler más que un grito directo.
Es una forma muy usada para hablar de un regaño fuerte pero con cariño, como cuando alguien se pasa de vivo y le toca aguantar sermón. En Norte de Santander un buen jalón de orejas puede incluir mirada asesina, discurso eterno y hasta amenaza de chancla, pero en el fondo es porque sí les importas. Y hay que admitir que a veces hasta hace falta.