Se dice cuando te lías la manta a la cabeza y te vas de fiesta a lo grande, sin frenos ni hora de vuelta. Es salir, empalmar planes y acabar en una juerga de las que te dejan al día siguiente con cara de cuadro. Vamos, que no fue una copa y a casa, fue irse de caso de verdad.
"Íbamos a tomar una caña tranquila y acabamos yéndonos de caso, de bar en bar hasta que salió el sol y yo hoy en la oficina con ojeras de campeonato."