Se dice cuando alguien, en el bar o de fiesta, se viene arriba y se pone a soltar chismes, intimidades o verdades como puños, normalmente con dos vinos de más. Vamos, que se mete en modo confesionario y acaba dando el cante a gusto. Muy de barra, de colegas y de liarla sin querer.
"Ayer en el bar, el Mariano se fue al fondo de la barra y acabó largando lo del alcalde, lo de la Pili y hasta lo del perro. Nos enteramos de medio pueblo, maño."