En Chihuahua y el norte de México, harto se usa como intensificador, tipo muy, un chingo o un montón. Sirve para decir que algo es mucho, grande o que está bien pesado, no que ya estás hasta la madre de algo. Es de esas palabras simples que, bien puestas, suenan bien norteñas.
En Baja California decir que estás harto es que algo o alguien ya te tiene hasta la coronilla, bien fastidiado y sin paciencia. Es ese punto donde cualquier cosa extra ya te truena la tacha y quieres mandar todo al Mar de Cortés sin ver atrás. No es solo cansancio, es molestia acumulada con sabor norteño.
En Puno y en buena parte del Perú, harto se usa como intensificador para decir mucho, un montón, en cantidad o en grado. Vale para cosas contables y no contables, y suena bien de calle. No es que sea “demasiado” siempre, es más bien un “bastante” tirando a bestia. Y sí, engancha.