Se dice cuando alguien va medio piripi, con el puntito justo: no está reventado, pero ya se le suelta la lengua y se viene arriba con ideas raras. Es ese estado entre la lucidez y la tontería, cuando todo parece tener sentido y a la vez das un poco de vergüenza ajena. Muy de bar y de cañas.
En Áncash se dice de alguien que está flojo, indeciso o medio dormido para actuar. Es el que se queda atrás, no se lanza y deja que la oportunidad se le vaya por estar pensando demasiado. Va con tono de jalón de orejas, como decirle que se ponga las pilas ya, porque así no llega a nada.