Se dice de alguien que anda con el genio encendido, irritado o de mal humor, como si se hubiera metido una arepa cargada de ají del bravo. Es una comparación bien venezolana, exagerada y sabrosa, perfecta para cuando alguien está insoportable y salta por cualquier cosa. Y sí, da risa porque te lo imaginas echando humo.
"Después del juego, Pedro quedó más picante que una arepa de ají porque los golearon y ni el árbitro se salvó de la habladera."