Se dice cuando alguien está contentísimo, en modo sonrisa boba, como si le acabaran de servir una arepa recién hecha, calientita y con quesito derritiéndose. Es una comparación bien colombiana para marcar que la alegría es total, de esas que se notan a kilómetros. Y sí, da hambre solo de oírla.
"Cuando le confirmaron el trabajo, quedó feliz como una arepa, llamando a todo el mundo y armando plan en la tienda del barrio, como si hubiera ganado la lotería."