Se dice cuando alguien está que trina, súper alterado o con un cabreo encima que parece que va a llover dentro de casa. Va soltando malas contestaciones, bufidos y miradas que fulminan, como si tuviera rayos en la garganta. Vamos, que en ese momento lo mejor es dejarle espacio y no tocarle las narices.
"Ni se te ocurra vacilarle a Juan ahora, que está de tormenta desde lo del partido y te suelta un trueno en la cara."