Se dice cuando estás reventado, hecho polvo y sin fuerzas, como si te hubieran tirado al suelo y te hubieras quedado en piezas. Suele salir después de una noche larga, curro duro o una resaca de las que te ponen a negociar con el sofá. No es finura, pero se entiende a la primera.
"Ni me hables, picha: entre la feria, las tapas y dos horas de sueño, hoy estoy como un vaso roto. Me siento y ya no me levanto."