Se dice cuando alguien está en una etapa cómoda y feliz, con lo básico cubierto y además algún capricho. Vamos, que no solo hay pan para tirar, también hay rosas para presumir un poco. Se usa para hablar de una buena racha, de ir desahogado y sin agobios, como si la vida te estuviera guiñando el ojo.
"Desde que pilló el curro nuevo, Fer está a pan y rosas, paga rondas, no mira el saldo y hasta se fue a Santander a comer rabas."