Se dice cuando algo está limpísimo, impoluto, como recién estrenado y sin una mota de polvo. Es una forma muy murciana de exagerar la limpieza, tirando de referencia religiosa para darle más gracia. Vamos, que lo has dejado tan reluciente que casi da cosa tocarlo con las manos.
"Chacho, el piso lo has dejao a la Virgen de limpio, que me quito las zapatillas en la puerta y todo. Ni una huella, ni una miga, ni ná."