Se usa para hablar de una siesta larga, intensa y sin remordimientos, de esas en las que desapareces del mapa y te levantas sin saber ni qué día es. Es muy típica del sur, donde la siesta es casi deporte olímpico. Eso sí, mejor usarla en confianza, que el término tiene su puntito delicado.
Se usa en Andalucía para hablar de una siesta larguísima, de esas que no son cabezadita rápida sino apagón general con cambio de turno. Suele decirse en tono de broma, como quien avisa que va a desaparecer de la vida social un buen rato. Y oye, bien hecha, una siesta gitana te deja nuevo del cuerpo y del alma.