Se usa para hablar de una siesta larga, intensa y sin remordimientos, de esas en las que desapareces del mapa y te levantas sin saber ni qué día es. Es muy típica del sur, donde la siesta es casi deporte olímpico. Eso sí, mejor usarla en confianza, que el término tiene su puntito delicado.

"Hoy curré menos que el aire, me puse fino de cocido y me eché una siesta gitana que cuando desperté pensé que ya era lunes otra vez."

Se usa en Andalucía para hablar de una siesta larguísima, de esas que no son cabezadita rápida sino apagón general con cambio de turno. Suele decirse en tono de broma, como quien avisa que va a desaparecer de la vida social un buen rato. Y oye, bien hecha, una siesta gitana te deja nuevo del cuerpo y del alma.

"Niño, después de ese plato de berza y los dos finos que te has metido, lo que te toca es echarte una siesta gitana y no despertar hasta que suenen los cohetes de la romería otra vez"

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