Se dice cuando te echas una siesta rápida e improvisada, casi siempre con plan playero: te tiras en la hamaca o bajo la palapa y te dejas arrullar por el mar. Es como “me dormí tantito”, pero con sabor caribeño y cero culpa. Ideal para recargar pilas y volver a la pachanga.
Se usa para decir que alguien se va a relajar duro, sin remordimientos, como tirarse a la hamaca mental y dejar que el mundo ruede. Es tomarse un descanso largo, vaguear rico, dejarse llevar sin estrés. La imagen es como surfear una ola de pura pereza, y la verdad es que suena bastante tentador.