Se dice cuando alguien se pone a hablar sin freno y se enrolla cosa mala, soltando un discurso larguísimo que no venía a cuento. Vamos, que te montas tu monólogo y el resto se queda mirando el vaso, esperando a que respires. No siempre es mala leche, pero cansa más que una misa de tres horas.
"En cuanto salió el tema del fútbol, Juan se echó la parra en el bar y nos tuvo media tarde con estadísticas, árbitros comprados y movidas rarísimas."