En Nueva Esparta se usa para hablar de alguien que se queda dormido en el peor momento, como si se ganara un premio por ser el más dormilón del grupo. Es medio burla cariñosa, porque todos nos reímos pero igual lo queremos. Y hay que admitir que la imagen de la medalla tiene su gracia.
Se dice cuando alguien se atribuye el mérito de algo, como si se colgara una medalla en el pecho, aunque el curro lo hayan hecho otros o haya sido en equipo. Vamos, el típico que aparece al final, posa para la foto y se lleva los aplausos. Da una rabia fina, pero es bastante común.