Se dice de alguien que, después de lograr algo o de irle bien, se relaja demasiado y deja de esforzarse. Vamos, que se queda viviendo del aplauso y no mueve un dedo para seguir mejorando. No es que esté descansando, es que se confía y se estanca. Clásica para pegar un jalón de orejas.
"Parce, ya ganaste el concurso y te creés la última Coca-Cola, pero no te durmás en los laureles: mañana hay entrega y vas en cero, ¿o qué?"